¿Venimos del mono? 6 mitos de la evolución que casi todos creen
Muchas ideas sobre la evolución se repiten tanto que parecen ciertas, pero no lo son. Repasamos seis mitos muy extendidos y explicamos qué ocurre en realidad.
No venimos del mono: somos primos del chimpancé
Una pregunta habitual es por qué sigue habiendo monos si venimos de ellos. La respuesta es sencilla: no venimos de ellos.
Chimpancés y humanos somos primos. Compartimos un antepasado que vivió en África hace unos seis o siete millones de años. Ese antepasado no era ni chimpancé ni humano.
Igual que una persona no desciende de su primo, aunque ambos tengan el mismo abuelo, los humanos no descendemos del chimpancé. El chimpancé no es un humano a medio hacer. Es otra rama que también ha seguido cambiando.
La jirafa no estiró el cuello para dárselo a sus crías
Este mito sostiene que la jirafa estira el cuello para alcanzar las hojas altas y transmite ese cambio a sus crías. La idea la publicó Jean-Baptiste Lamarck en 1809.
Sería como pensar que, si alguien va al gimnasio, su hijo nacerá con bíceps. En realidad, nacen jirafas con cuellos algo distintos, y las que mejor sobreviven dejan más crías.
Además, quizá no fue solo por la comida. Los machos pelean golpeándose con el cuello, y los de cuello más largo suelen ganar. Ese cuello de casi dos metros tiene siete vértebras, las mismas que el de una persona.
No hay especies más evolucionadas que otras
Una bacteria del intestino, un cocodrilo y un ser humano llevan el mismo tiempo evolucionando: más de 3.500 millones de años, desde el primer ancestro común.
El cocodrilo no se quedó atrás. Está tan adaptado a su río como nosotros a caminar sobre dos piernas. La evolución no es una escalera con el ser humano en lo alto. Es un arbusto de ramas igual de largas.
¿Compartimos el 99 % del ADN con el chimpancé?
En internet circula que compartimos entre un 98 y un 99 % del ADN con el chimpancé. Esa cifra sale de comparar letra a letra solo los tramos que se pueden alinear. Ahí, la diferencia ronda el 1,2 %.
Si también se cuentan los trozos que a uno le sobran y al otro le faltan, el parecido baja a alrededor del 96 %. Es como comparar dos ediciones de un libro contando las erratas, pero no los párrafos añadidos.
Las muelas del juicio no desaparecen por la evolución
Se suele decir que las muelas del juicio no caben porque la evolución las está eliminando. Todo apunta a otra causa: lo que se come en la infancia.
Masticar alimentos duros hace que la mandíbula crezca más durante esos años. Con comida cocinada y blanda, la mandíbula se queda corta, pero los dientes salen del mismo tamaño. Por eso, cuando se extraen, lo más probable es que no tuvieran sitio.
Además, casi una de cada cuatro personas no llega a desarrollar al menos una muela del juicio.
Los humanos seguimos evolucionando: el caso de la leche
Casi todos los mamíferos dejan de producir lactasa al dejar de mamar. La lactasa es la enzima que digiere el azúcar de la leche.
Sin embargo, en los últimos miles de años, en varios pueblos ganaderos, de Europa a África oriental, aparecieron mutaciones que la mantienen activa toda la vida. Surgieron por separado y al azar. Se extendieron porque daban ventaja, quizá comida segura en épocas de escasez.
Hoy, alrededor de un tercio de los adultos del mundo tiene estas mutaciones. Quien bebe un tazón de leche sin molestias probablemente también las tenga. Hace diez mil años, casi ningún adulto del planeta podía digerir un vaso de leche.
Preguntas frecuentes
¿El ser humano desciende del chimpancé?
No. Humanos y chimpancés compartimos un antepasado que vivió en África hace unos seis o siete millones de años y que no era ni chimpancé ni humano.
¿Cuánto ADN compartimos con el chimpancé?
Comparando solo los tramos que se pueden alinear, la diferencia ronda el 1,2 %. Si se cuentan también los fragmentos que sobran o faltan, el parecido baja a alrededor del 96 %.
¿Por qué no caben las muelas del juicio?
Todo apunta a la alimentación en la infancia. La comida blanda hace que la mandíbula crezca menos, pero los dientes mantienen su tamaño.
¿Los humanos siguen evolucionando?
Sí. Un ejemplo son las mutaciones que mantienen activa la lactasa en la edad adulta, que aparecieron en los últimos miles de años y hoy tiene alrededor de un tercio de los adultos del mundo.
Artículo informativo elaborado con ayuda de herramientas de IA a partir del guion verificado del vídeo.
